Para quienes conviven con la celiaquía, cuidar la salud intestinal va mucho más allá de evitar el gluten. El sobrecrecimiento bacteriano (SIBO) en el intestino delgado, es un trastorno poco conocido, pero puede tener un impacto significativo en los síntomas digestivos e incluso dificultar la recuperación de la mucosa intestinal. Entender qué es el SIBO, cómo se manifiesta y por qué los celíacos deben estar atentos al mismo, resulta fundamental para alcanzar una mejor calidad de vida.
El SIBO, acrónimo de “Small Intestinal Bacterial Overgrowth”, se produce cuando un número excesivo de bacterias coloniza el intestino delgado, una zona donde normalmente la presencia bacteriana es limitada. Esta alteración provoca desequilibrios en la digestión y absorción de nutrientes, generando diversos síntomas digestivos e, incluso, afectando el estado general de la persona.
El desarrollo del SIBO puede deberse a múltiples factores, y entre las más habituales destacan las alteraciones en la motilidad intestinal, los problemas anatómicos, el uso prolongado de ciertos medicamentos, como antibióticos o inhibidores de la bomba de protones, y las enfermedades que debilitan el sistema inmunitario. En el caso de los celíacos, las lesiones en la mucosa intestinal provocadas por el consumo de gluten pueden favorecer este sobrecrecimiento bacteriano.
Los síntomas del SIBO suelen confundirse con otras patologías digestivas. Los más frecuentes incluyen hinchazón abdominal, gases, dolor o molestias en la barriga, diarrea o estreñimiento, y, en ocasiones, pérdida de peso involuntaria; aunque también pueden aparecer deficiencias vitamínicas debido a la mala absorción de nutrientes, lo que puede hacer más compleja la recuperación en personas con celiaquía.
El abordaje del SIBO suele combinar tratamiento farmacológico y cambios en la alimentación. Generalmente, se emplean antibióticos específicos para reducir el exceso de bacterias, aunque una dieta adaptada y la corrección de las causas subyacentes son fundamentales para evitar recaídas. En este sentido, es importante seguir las indicaciones de un profesional sanitario especializado y evitar la automedicación.
La celiaquía no tratada o mal controlada puede aumentar el riesgo de desarrollar SIBO, ya que la inflamación y el daño intestinal favorecen el desequilibrio bacteriano. Además, el SIBO puede simular una “mala respuesta” a la dieta sin gluten, perpetuando síntomas digestivos en personas celíacas que, a pesar de eliminar el gluten, no experimentan mejoría. Por ello, reconocer y tratar el SIBO puede marcar la diferencia en la evolución clínica de estos pacientes.
En conclusión, el SIBO es un trastorno a tener muy en cuenta en la celiaquía, especialmente cuando persisten molestias digestivas pese a una dieta estricta sin gluten; por lo que un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado pueden ayudar a recuperar el bienestar intestinal y optimizar la absorción de nutrientes, mejorando así la calidad de vida de las personas celíacas.

