La introducción de alimentos en la dieta infantil debe realizarse de forma gradual y adaptarse a las necesidades de los niños en cada momento de su desarrollo. Una etapa clave es la introducción de alimentos sólidos, que arranca alrededor de los 6 meses para cubrir necesidades nutricionales adicionales a la leche materna, y uno de los primeros alimentos que se incluyen son los cereales, que deben introducirse de forma paulatina y con características concretas.
En este contexto, los expertos en alimentación infantil manejan una serie de pautas para lograrlo, siguiendo nuevas recomendaciones. Así, la doctora Laura Álvarez, recuerda que son una fuente importante de fibra y energía, dado su contenido en hidratos de carbono. Además, aportan proteínas de origen vegetal, minerales, ácidos grasos esenciales y vitaminas, especialmente la tiamina. Eso sí, aclara la importancia de no incluirlo demasiado pronto en la dieta, ya que "a menudo, la alimentación complementaria se inicia con ellos (incluso antes de los 6 meses), bajo la influencia de cajas y anuncios de cereales comerciales que indican que pueden administrarse desde los 4 meses. Las recomendaciones actuales demuestran que no hay ningún beneficio empezando la alimentación complementaria antes de los 6 meses".
Otra de las creencias habituales en este sentido es que cereales en el biberón antes de dormir, asegura que el bebé duerme mejor, algo que no es más que un mito, ya que no existe evidencia científica que respalde que el sueño mejore con esta práctica, y por contra, sí que hay evidencia de que introducir cereales en el biberón predispone a la obesidad y a las caries.
En este sentido, la pediatra Carmen de la Torre recuerda que "se decía clarísimamente que los niños podían tomar cereales sin gluten desde los cuatro a los seis meses, e introducir cereales con gluten a partir de los seis meses. Esto era una recomendación totalmente inamovible en aquella época". Sin embargo, "los estudios posteriores demostraron que el momento exacto de introducir el gluten no tiene tanta importancia y no aumenta la incidencia de enfermedad celíaca. Por eso, la recomendación actual es clara: no debemos ofrecer cereales antes de los cuatro meses —al igual que no se aconseja iniciar la alimentación complementaria antes de los cuatro meses ni retrasarla más allá de los siete—. A partir de los seis meses, cuando comencéis la alimentación complementaria, podéis dar cereales con o sin gluten indistintamente, e incluso empezar directamente con cereales con gluten".
La doctora Álvarez lo corrobora, explicando que "no hay diferencias en la probabilidad de desarrollar celiaquía. Entre los cereales con gluten están el trigo, la cebada, el centeno, el kamut, la espelta y la avena (salvo la certificada sin gluten). Entre los cereales sin gluten se encuentran el arroz, el maíz, el mijo, el teff y pseudocereales como el trigo sarraceno o alforfón, el amaranto y la quinoa".
La pediatra recomienda fijarse en que sean integrales o de grano completo y revisar la tabla nutricional, buscando aproximadamente 1 gramo de azúcar por cada 100 gramos de producto. En este sentido, aconseja priorizar cereales en formato natural, con grano completo (integral), o alimentos elaborados con harinas integrales, como arroz, quinoa, avena, sémola de trigo, pan, pasta, mijo o espelta.
El germen y el salvado, que son las partes más ricas en nutrientes, se conservan únicamente en el cereal de grano completo. En cuanto a los cereales de caja para bebés, la experta recuerda que es importante que sean 0 % azúcares añadidos, aunque muchas veces indiquen "sin azúcares añadidos" y, aun así, incluyan azúcar bajo otros nombres o azúcares producidos durante el procesamiento.
Por ejemplo, pueden contener cereales (95,1 %) como harinas de trigo hidrolizada, trigo integral (23 %), avena integral (10,4 %), espelta, centeno o cebada, y en la tabla nutricional aparecer 18,0 g de hidratos de carbono, de los cuales una parte son azúcares.
Además, según estas expertas, conviene revisar bien la lista de ingredientes y que no aparezcan términos como azúcar o sacarosa, cereales dextrinados, cereales hidrolizados, maltodextrina, concentrado de zumo de fruta o miel.

