La dieta sin gluten seguida por las personas con enfermedad celíaca suele ser baja en fibra. Ahora, investigadores de la Universidad McMaster han demostrado que las personas con enfermedad celíaca presentan una menor capacidad para metabolizar la fibra alimentaria en el intestino delgado debido a la falta de determinadas bacterias esenciales para su degradación.

 

Aunque la dieta sin gluten es actualmente el único tratamiento disponible para la enfermedad celíaca, esta puede ser baja en fibra, un nutriente cuyos beneficios sobre la salud de la microbiota intestinal han sido ampliamente demostrados. lo que explica por qué a muchas personas con esta enfermedad digestiva se les recomienda aumentar su ingesta de fibra para favorecer la salud intestinal.

Ahora, un nuevo estudio realizado en la Universidad McMaster indica que los beneficios de la fibra en la enfermedad celíaca podrían depender de la presencia, en el intestino delgado, de bacterias capaces de degradarla.

Los investigadores analizaron la composición del microbioma fecal de 27 personas con enfermedad celíaca: 16 acababan de ser diagnosticadas y 11 habían sido diagnosticadas hacía al menos dos años y seguían una dieta sin gluten.

Posteriormente, compararon los resultados con los de 26 personas sanas, y observaron que las personas con enfermedad celíaca presentaban una menor expresión de enzimas implicadas en la digestión del almidón resistente y de la fibra, así como concentraciones más bajas de ácidos grasos de cadena corta, productos del metabolismo de la fibra por las bacterias intestinales.

Esto se explica por una menor presencia de bacterias de la familia Prevotellaceae en el intestino delgado, que están especializadas en degradar la fibra y favorecer la recuperación intestinal.

Los resultados del trabajo sugieren que la ausencia de esta bacteria esencial para la degradación de la fibra se debe más a una alteración persistente del microbioma intestinal asociada a la enfermedad celíaca que a un aporte insuficiente de fibra alimentaria.

Los autores fueron un paso más allá y exploraron qué tipos de fibra podrían ser beneficiosos en la enfermedad celíaca, para lo que administraron inulina, una fibra vegetal soluble presente en puerros, ajo, cebolla, alcachofas y algunos suplementos alimentarios, o HylonVII, una fibra insoluble derivada del almidón de maíz, a ratones genéticamente predispuestos a desarrollar enfermedad celíaca y sometidos a una dieta sin gluten.

La inulina redujo la inflamación intestinal y aumentó la producción de ácidos grasos de cadena corta en el intestino. Por el contrario, el almidón resistente procedente del maíz no modificó el microbioma ni favoreció la recuperación intestinal de la misma manera que la inulina.

Estos resultados sugieren que el tipo de fibra es importante en la enfermedad celíaca y que complementar una dieta sin gluten con fibras adecuadas, como la inulina, podría beneficiar a las personas con enfermedad celíaca si las bacterias capaces de degradarlas están presentes en el intestino.

Esta investigación sugiere que el microbioma del intestino delgado podría explicar en parte por qué algunos síntomas digestivos persisten en ciertas personas con enfermedad celíaca a pesar de seguir una dieta estricta sin gluten, por lo que eliminar el gluten por sí solo podría no ser suficiente para restaurar las funciones del microbioma intestinal en pacientes adultos con enfermedad celíaca.

Además de la dieta sin gluten, las futuras estrategias terapéuticas podrían incluir fibras específicas y probióticos con bacterias vivas capaces de degradarlas para ayudar a restaurar la función del microbioma intestinal.